Saturday, March 27, 2010

Legado de Benito Juarez, sigue actual...

Mensaje del Embajador José Luis Bernal Rodríguez,
Embajador de México en la República Checa, en la ceremonia conmemorativa del CCIV aniversario del natalicio de Benito Juárez. Praga, 24 de marzo de 2010.

Cada año recordamos a Benito Juárez, el Benemérito de las Américas, quien nació en Oaxaca, en el sur predominantemente indígena de México, hace 204 años.

Es ya una tradición celebrar este encuentro en la legendaria Praga, punto de encuentro de culturas, que se ha distinguido por sus aportaciones históricas a la evolución de las civilizaciones. Y lo hacemos aquí en el corazón de Praga 6, en esta Plaza de los Libertadores, en la que está presente también otro gran adalid de la independencia y la integración latinoamericana, Simón Bolívar.

Nos congregamos aquí representantes de dos grandes regiones: América Latina y la Unión Europea, cada una con más de 500 millones de personas, que en conjunto sumamos el 20% de la Humanidad. Cada región y sus estados nacionales enfrentando los retos de la agenda global y de las nuevas amenazas a la seguridad; cada una en la búsqueda de nuevas rutas en sus respectivos procesos de desarrollo y de integración regional y con enormes expectativas para la cooperación y el intercambio de experiencias.
Juntos recordamos el legado de Benito Juárez, un símbolo de los mexicanos, de América Latina, de todo el Continente Americano y de la paz universal.

Para los mexicanos, Benito Juárez es ejemplo de vida, por su incesante superación personal; por su lucha permanente a favor del estado de derecho; por las reformas trascendentales que impulsó en los planos económico, legal e institucional; por su liberalismo visionario, por su lucha por la libertad de pensamiento y su defensa de los derechos humanos.

Su pensamiento y sus acciones de gran trascendencia histórica definieron los principios que han inspirado la política exterior de México desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días. Pero, sobre todo, recordamos el legado juarista de buscar la igualdad social a través de la igualdad jurídica y la promoción de oportunidades para todos.

En las Américas se le recuerda por su lucha incansable en contra de la intervención extranjera, por la búsqueda de soluciones pacificas a las diferencias, por su promoción de la solidaridad y la integración regional.

Y en un plano más amplio, es símbolo de paz y de la defensa de la soberanía, que se expresan en el famoso apotegma juarista de que “entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Hoy quisiera destacar que esta celebración coincide con dos momentos de especial trascendencia para América Latina y el Caribe.

Por un lado, con los Bicentenarios en varios de nuestros países, recordamos los movimientos transformadores que dieron origen a la mayoría de nuestros estados nacionales a principios del siglo XIX, en un ejercicio de introspección sobre lo que hemos logrado -o dejado de hacer- como sociedades, a lo largo de nuestra vida independiente, de lo cual pretendemos derivar alternativas para proyectar nuestro futuro en este siglo XXI.

Por otro lado, es creciente el convencimiento de que ese futuro pasa necesariamente por una mayor integración en nuestra región.

En este sentido, hace apenas unos días, en la Riviera Maya de México, tuvo lugar la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe, en la que nuestros dirigentes reiteraron la convicción de nuestros pueblos de “avanzar en la unidad y en la integración política, económica, social y cultural; avanzar en el bienestar social, la calidad de vida y el desarrollo sostenible, sobre las bases de la equidad, la democracia y la más amplia justicia social”.

Solidaridad, pluralidad, convergencia de acciones, desarrollo no excluyente y equitativo, igualdad soberana de los estados, solución pacífica de controversias, respeto a la integridad territorial, no intervención en asuntos internos de otros estados, paz, democracia y respeto a los derechos humanos son algunos de los conceptos que sobresalen de la Declaración suscrita por nuestros Jefes de Estado y de Gobierno, con la que se propone la creación de la nueva Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

Preceptos todos ellos que hoy nos recuerdan a Juárez, un servidor público que, con su visión de estadista y su altura de miras, nos dejó un legado de validez universal permanente que, junto a las lecciones de Bolívar, San Martín, Hidalgo, Morelos, Miranda, O´Higgins, Sucre, Martí y muchos otros, es parte fundamental del proyecto de la América unida.

Por ello, “al recordar a nuestros fundadores y libertadores, el mejor homenaje que podemos rendirles es –como lo señalara el Presidente de México Felipe Calderón en Cancún a finales de febrero- el de imaginar y concretar acciones que nos fortalezcan como región, nos ayuden a impulsar el crecimiento y el desarrollo humano sustentable y nos permitan proyectarnos con renovada vitalidad en el escenario internacional”.
Estas son las nuevas metas que nos hemos planteado en nuestra región y que queremos compartir con nuestros amigos en Europa, de quienes aprendemos todos los días porque han sabido avanzar en la prosperidad de sus sociedades gracias a que han sido capaces de ponerse de acuerdo en lo esencial y avanzar hacia una mayor integración, rescatando a su vez el legado de ilustres personajes como Carlos IV, el Presidente Masaryk, Jean Monnet y muchos otros pensadores y personas de acción que –como Juárez y sus contemporáneos- han impulsado los procesos de desarrollo e integración con visión de futuro, con decisión política y con capacidad y talento para hacer frente a su propia historia.

Estoy convencido de que latinoamericanos y caribeños unidos habremos de responder a los grandes desafíos de la realidad contemporánea con nuevas ideas y con prácticas innovadoras en materia de organización, en la construcción de consensos y en la promoción del desarrollo.

Pero, sobre todo, habremos de coincidir cada vez más en nuestra visión y expectativas del futuro como naciones, como región y como actores responsables en la sociedad internacional, en esa nueva comunidad global que queremos seguir edificando en paz y democracia, mediante la cooperación, sobre bases sustentables, con mayor seguridad para todos y con respeto a la integridad y al derecho, tanto entre los individuos como entre las naciones.

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